El arte es una producción específicamente humana y forma parte de la cultura siendo un emergente de un periodo histórico determinado. Hasta ahí, palabras más, palabras menos, estamos todos de acuerdo. Pero, ¿Cuál es su función? ¿Para qué es necesario el arte? Es una pregunta a la que muchas personas responderían afirmando que tiene una utilidad meramente decorativa. Eso es verdad, pero no es la única respuesta. De hecho, la función únicamente decorativa del arte surge recién en el siglo XVIII con el Rococó. Entonces ¿para qué sirve el arte?
A través de la historia esta función ha variado. Recorramos entonces distintas época y ejemplos, y averigüemos por qué motivo en ese momento el arte era absolutamente necesario.

 

La función mágica
Hagamos un viaje hasta la época en que los primeros hombres caminaron sobre la Tierra. Su refugio eran las cavernas, y su alimentación provenía de la caza y la recolección. En esas cavernas se han encontrado las denominadas “pinturas rupestres”, que representaban -entre otras cosas- animales como ciervos y bisontes, y también figuras estilizadas de cazadores. De esa misma época datan las figuritas de pequeñas “Venus”, todas de grandes pechos y caderas prominentes, exhibiendo orgullosas sus atributos femeninos. En ambos casos, la función es mágica. Se retratan aquellos animales que es preciso cazar para alimentarse, y plasmarlos en un dibujo es parte del ritual para atraerlos. En el segundo caso, esas maravillosas “Venus” representan la fertilidad, y en un planeta despoblado, donde la expectativa de vida es muy corta, la posibilidad de las mujeres de dar vida es algo sumamente necesario, por lo que también podemos establecer como mágica la función de estas pequeñas figuras.

 

La función propagandística
Avanzando un poco en la historia de la humanidad, llegamos a las primeras civilizaciones, como las que poblaron la Antigua Mesopotamia y Egipto. Comienzan a establecerse a las orillas de los grandes ríos ciudades con una marcada organización política y social, con gobernantes como los faraones, que precisan hacer públicas sus hazañas para mantener y aumentar su poder. Es un período histórico en el que los medios de comunicación que hoy en día conocemos no existían. Entonces nuevamente el arte debe cubrir esa función. Se erigen grandes estelas, como la de Naram-Sim entre los acadios o La Estela de los Buitres de los sumerios, para celebrar triunfos militares. O se esculpen relieves en las paredes de templos y en obeliscos inmortalizando las batallas épicas de los faraones.

Un caso muy curioso es el de los asirios, quienes mostraban a través de su arte la inmensa crueldad con que trataban a los pueblos vencidos. Esta propaganda negativa influyó tanto en su fama, que muchos pueblos se rendían sin dar batalla, o se aliaban con ellos, horrorizados ante las atrocidades que veían reflejada en sus relieves.

La función propagandística abarca toda la historia, y es práctica corriente que el régimen de turno se valiera de artistas para difundir sus éxitos. Ejemplo de esto son los retratos de Luis XIV, que lo posicionan como monarca absoluto y ostentan su poder, o los cuadros que por encargo de Napoleón realizó Antoine-Jean Gros ensalzando la figura del Emperador, como “Los apestados de Jaffa” (figura, abajo).

 

La función moralizante y ejemplificadora

El arte puede utilizarse también para imbuir a una sociedad de una determinada ideología.  Tomemos por ejemplo la obra del pintor por excelencia de la Revolución Francesa, Jaques-Louis David, impregnado con el pensamiento de la virtud cívica y el bien común por sobre el interés particular. En su magnífico cuadro “El Juramento de los Horacios”, podemos observar la actitud decidida de los hombres de la familia, para quienes lo más importante es defender a su patria, aún si esto trae el pesar de sus hermanas. 

De la misma forma, el arte barroco – como arte de la contrarreforma católica- abunda en imágenes de la vida de aquellos santos y mártires que se han sacrificado por la fe verdadera; y de las virtudes religiosas que deben seguirse para alcanzar la salvación eterna.

De esta manera se pretende, a través de las imágenes, indicar a los espectadores cuál es la conducta correcta a seguir, influyendo en su pensamiento y forma de actuar.

 

La función didáctica

En una sociedad como la de los comienzos del cristianismo, donde son contados con los dedos de la mano las personas que sabían leer, la forma de enseñar sobre los hechos de la Biblia y de la vida de Jesús es a través del arte. Un arte simple, de fácil lectura y que pudiera ser comprendido hasta por los más humildes. Encontramos así las pinturas de las catacumbas o los relieves de los sarcófagos. Esta misma función del arte se continuó ya entrada la Edad Media, con el arte Prerrománico y Románico.

Recorrimos así, muy sucintamente, algunos ejemplos de las distintas funciones del arte a través de la historia. Estas funciones no son de ninguna manera excluyentes, ni están agotadas, sino que perviven y subsisten compartiendo espacio y tiempo.

Pero, a pesar de todo lo dicho anteriormente, cuando veas una obra de arte no te pongas a pensar su función… ¡No pienses! sólo sentila y disfrutala con todos tus sentidos, porque despertar emociones es la función más importante que el arte puede tener!

 

Por: Gabriela Arias – Profesora en Historia – Docente a cargo de las cátedras de Historia del Arte y de Historia del Arte y del Diseño en Nueva Escuela de Diseño y Comunicación. 

Para: Estudio Campana