Nosotros, la generación del estrés, de los viajes, de la acumulación de bienes materiales y del “touch and go”, tuvimos que aprender a mantener la calma y adaptarnos a una tragicómica forma de vivir que en un abrir y cerrar de ojos nos encontró solos, atrapados en casa, despertándonos una hora y media más tarde cada día, trabajando con corbata y en pantuflas, haciendo de maestros de escuela, cocinando sin descanso, festejando cumples por zoom, usando tapaboca y limpiándolo obsesivamente todo.
Este estilo de vida, consecuencia de la pandemia provocada por el COVID19, ha sido uno de los motivos por el cual se ha hecho nuevamente presente la teoría que viene planteando hace varios años el colombiano Carlos Moreno; creador de un concepto que personalmente me parece maravilloso y se conoce como “La ciudad del cuarto de hora”.
¿Por qué me parece fabulosa su teoría? Primero, porque soy un auténtico bicho de ciudad (Los Piojos, rock), segundo, porque por un montón de buenas razones considero que el uso de la bicicleta es el mejor medio de transporte y, tercero, porque desde que tengo uso de razón me fascina la idea de que todo lo que uno necesite está cerca del hogar: trabajo, supermercado, farmacia, colegio, hospital, club. Me he mudado 7 (siete) veces en 12 años y mi búsqueda ha sido exactamente lo que plantea Moreno: ganar tiempo libre evitando perderlo en viajes.
Lamentablemente es un privilegio de algunos poder vivir de esa manera, pero pienso que si se investigara la propuesta a fondo y pudieran gestionar algunos de los cambios que Moreno plantea tal vez fuera posible que personas de menores recursos pudieran tener las mismas posibilidades que la gran minoría. La búsqueda del bienestar consiste en la construcción de una ciudad más serena que a la vez sea capaz de satisfacer las necesidades esenciales y la forma según Moreno, es planificando la vida urbana a través de la construcción de una ciudad policéntrica.
Moreno explica que “la ville due quart d heure“ busca recrear en las ciudades la calidad de vida, saliendo del estilo apresurado dónde el tiempo se desperdicia en transporte y se respete el medio ambiente. El trabajo consiste también en transformar los barrios no tanto en su infraestructura, sino más bien en los usos, lo que significaría la incorporación de nuevas actividades sociales en establecimientos que tengan un fin determinado. Un ejemplo fácil son las escuelas: funcionando de lunes a viernes para enseñarle a los niños y los fines de semana convertirlos en centros culturales de aprendizaje y recreación para los vecinos adultos jóvenes y mayores que busquen el encuentro social.
La idea en concreto seria que cada barrio debería permitir que sus habitantes pudieran acceder a seis puntos fundamentales: vivienda digna, trabajo digno, abastecimientos de productos, acceso a la salud, acceso a la educación y acceso a la diversión. Es muy importante saber que nuestro Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se ha sumado a una red conformada por 100 ciudades del mundo que se han comprometido a profundizar en este modelo con el fin de mejorar el impacto ambiental y la calidad de vida de la población.
La pandemia sin dudas a ha sido el motor para acelerar el proceso para la construcción de la ciudad del cuarto de hora fomentada por la idea de topofilia que nos devolverá, en el marco de la revolución virtual, el contacto personal con nuestros vecinos y la alegría de vivir en un barrio que nos brinde todo lo que necesitamos para poder disfrutar más tiempo de la naturaleza, de nuestra familia y amigos.
Por: Laura Campana XOXO
Para: Estudio Campana